Indio Naborí: ¡La sombra se volvió luz!
Una noticia leída en http://cubasi.cu en los últimos días del año me conmovió: “En la madrugada del 30 de diciembre falleció en la Habana el poeta, Premio Nacional de Literatura, Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí. La literatura cubana ha perdido a una de sus figuras más trascendentales; al gran renovador de la décima o espinela en las letras hispanoamericanas; a un repentista, maestro de maestros; y a un poeta conocedor profundo de los sentimientos humanos. Transitó de la décima al soneto, del soneto al verso libre y fue además, un gran elegíaco.” Me trasladé doce años atrás, aproximadamente, a la casa de una de las maestras de mi hija: Margot Monterrey. Entre libros de lectura y las meriendas exquisitas preparadas por la dulce Margot, conjuntamente con el Guía de Pioneros Juan Carlos, nos dimos a la tarea de aprendernos el poema “Marcha Triunfal del Ejército Rebelde”.
A Dayana Litz, mi hija, le agradó tanto el poema, que se lo aprendió para declamarlo en el matutino de su aula de sexto grado. Mientras la niña entonaba los patrióticos versos, hubo alguien a mi lado, que me preguntó: -¿Mamá, y de quién es ese poema?; yo, emocionada por el contenido del poema, le conteste: - Es del Indio Naborí.
En estos primeros días de enero, rememorando la fecha 1º de enero de 1959, deseo compartir el poema compuesto por el que Fidel definió como: “Estatua viva del metal más fuerte”
MARCHA TRIUNFAL DEL EJÉRCITO REBELDE
¡Primero de Enero!
Luminosamente surge la mañana.
¡Las sombras se han ido! Fulgura el lucero
de la redimida bandera cubana.
El aire se llena de alegres clamores.
Se cruzan las almas saludos y besos,
y en todas las tumbas de nobles caídos
revientan las flores y cantan los huesos.
Pasa un jubiloso ciclón de banderas
y de brazaletes de azabache y grana.
Mueve el entusiasmo balcones y aceras,
grita desde el marco de cada ventana.
A la luz del día se abren las prisiones
y se abren los brazos: se abre la alegría
como rosa roja en los corazones
de madres enfermas de melancolía:
Jóvenes barbudos, rebeldes diamantes
con trajes olivo bajan de las lomas,
y por su dulzura los héroes triunfantes
parecen armadas y bravas palomas.
Vienen vencedores del hambre, la bala y el frío
por el ojo alerta del campesinado
y el amparo abierto de cada bohío.
Vienen con un triunfo de fusil y arado.
Vienen con sonrisa de hermano y amigo.
Vienen con fragancia de vida rural.
Vienen con las armas que al ciego enemigo
quitó el ideal.
Vienen con el ansia del pueblo encendido.
Vienen con el aire y el amanecer
y, sencillamente, como el que ha cumplido
un simple deber.
No importa el insecto, no importa la espina,
la sed consolada con parra del monte,
el viento, la lluvia, la mano asesina
siempre amenazando en el horizonte.
¡Sólo importa Cuba! Sólo importa el sueño
de cambiar la suerte.
¡Oh, nuevo soldado que no arruga el ceño
ni viene asombrado de tutear la muerte!
Los niños lo miran pasar aguerrido
y piensan, crecidos por la admiración,
que ven a un rey mago, rejuvenecido,
y con cinco días de anticipación.
Pasa fulgurante Camilo Cienfuegos.
Alumbran su rostro cien fuegos de gloria.
Pasan capitanes, curtidos labriegos
que vienen de arar en la Historia.
Pasan las marianas sin otras coronas
que sus sacrificios: cubanas marciales,
gardenias que un día se hicieron leonas
al beso de doña Mariana Grajales.
Con los invasores, pasa el Che Guevara,
Alma de los Andes que trepó el Turquino,
San Martín quemante sobre Santa Clara,
Maceo del Plata, Gómez argentino.
Ya entre los mambises del bravío Oriente,
Sobre un mar de pueblo, resplandece un astro:
ya vemos... ya vemos la cálida frente,
el brazo pujante, la dulce sonrisa de Castro.
Lo siguen radiantes Almeida y Raúl,
Y aplauden el paso del Héroe ciudades quemadas,
Ciudades heridas, que serán curadas,
y tendrán un cielo sereno y azul.
¡Fidel, fidelísimo retoño martiano,
asombro de América, titán de la hazaña,
que desde las cumbres quemó las espinas del llano,
y ahora riega orquídeas, flores de montaña.
Y esto que las hieles se volvieran miel,
se llama...
—¡Fidel!
Y esto que la ortiga se hiciera clavel,
se llama...
—¡Fidel!
Y esto que mi Patria no sea un sombrío cuartel,
se llama...
—¡Fidel!
y esto que la bestia fuera derrotada por el bien del hombre,
y esto, esto que la sombra se volviera luz,
esto tiene un nombre, sólo tiene un nombre...
¡Fidel Castro Ruz!
Foto: http://www.cubaliteraria.com
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Autor: Dayana Litz
Me ha parecido muy triste la noticia de la muerte del Indio Naborí.
Te acuerdas como sabía la poesía que has puesto????
Creo que todavía me acuerdo de ella...
Tu artículo en el blog está muy bueno...
Fecha: 05/01/2006 01:02.
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Autor: ArtB
Fecha: 05/01/2006 16:44.
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Autor: Dayana Litz
Visita la web de Patricia, la hija de Belkys http://labebapatricia.blogia.com
Fecha: 05/01/2006 17:09.
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Autor: Marlene Franco
Fecha: 05/01/2006 17:46.


