Desarrollo, Educación y Género. Apuntes desde Cuba.
Autora: MS.C María Isabel López Pretel.
El informe del Club de Roma de 1972 marcó un hito en la conceptualización de desarrollo al considerarlo como el proceso que experimenta una sociedad para conseguir el bienestar de la población relacionándolo con el entorno natural, al plantear satisfacer las necesidades materiales y estableciendo las bases para que todo individuo pudiera desarrollar su potencial humano. Desarrollo que constituye un derecho humano inalienable, en virtud del cual todo ser humano, en todos los pueblos y latitudes están facultados para participar en el orden económico, social, cultural y político en el que pueda realizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales, así como contribuir y disfrutar de él, concepto que fue tomando cuerpo en las políticas de los organismos internacionales hasta 1990, donde el PNUD asumió el reto de conformar una nueva dimensión sobre el desarrollo humano.
Hoy se define “El Desarrollo Humano no solo como el ingreso y el crecimiento económico, sino que engloba también el florecimiento pleno y cabal de la capacidad humana y se destaca la importancia de poner a la gente (sus necesidades, aspiraciones y opciones) en el centro de las actividades del desarrollo”. El Desarrollo Humano está llamado a convertirse en un proceso de ampliación de opciones de todas las personas y no de una sola parte de la sociedad, por lo que pasa a ser injusto y discriminatorio cuando las mujeres quedan excluidas de sus beneficios como bien se señala en el Informe de Desarrollo Humano de 1995. Paradigma de desarrollo fundamentado en seis dimensiones: equidad, sustentabilidad, productividad, potenciación, cooperación y seguridad que desafía los esquemas de un modelo neoliberal.
Nuestro país se inserta a la concepción del desarrollo integral, como parte consustancial de su programa social concebido desde el propio Programa del Moncada, documento reconocido así por la historia patria y que no es más que el alegato de defensa esgrimido por el líder del Movimiento Revolucionario 26 de julio de 1953, hecho y documento histórico trascendentales en nuestra historia patria concretado al triunfo revolucionario de enero de 1959, como símbolo de su carácter y raíz humanista.Proceso en el cual la mujer ya venia desempeñando un papel protagónico, en todas las esferas de la vida social incluida la defensa de la patria como soldado, abanderada por la organización que agrupa a la féminas cubanas surgida calor de la Revolución, en su lucha por desterrar las diferentes formas de dominación que había sufrido la mujer y por cambiar toda una serie de símbolos culturales, normas, patrones heredados de una cultura patriarcal, a pesar de haber establecido institucionalmente la ruptura con ese tipo de sociedad expresada en la eliminación de la propiedad privada en el país, luchando en un plano muchísimo más complicado y sumamente complejo , el de la subjetividad , que a través de un proceso de construcción social diferencia a los sexos y al mismo tiempo trata de articularlos dentro de relaciones de poder, donde solo no prime la equidad social, sin distingo no solo de sexo , sino también de raza.
En esta compleja tarea juega un papel cardinal la educación como agente de cambio, donde la institución escolar lidera este empeño, descansando en un principio del Sistema Educacional Cubano, el de la coeducación desde las edades más tempranas, para lograr una adecuada socialización de género entendida ésta como complejo proceso cultural de incorporación o apropiación de formas de representarse, valorar y actuar en el mundo en estrecha correspondencia con la identidad de asumirnos como hombres y mujeres que entraña una valoración de si mismos o autovaloración, formas específicas de ser, pensar y sentir asumidas desde las asignaciones sociales construidas por los códigos morales de la sociedad imperante.Iniciándose un cambio en los intereses de género , con su consiguiente incidencia en las necesidades prácticas de género y por ende en los intereses estratégicos, concretándose una aspiración de siglos de duración impuesta por el régimen colonial de España, la potencia europea más atrasada en el siglo XVI, en que ocurre el proceso de conquista y colonización en Cuba, y que demuestra de forma convincente como la revolución social socialista es una transformación radical y profunda de la vida social en todos los órdenes, cambiando la imagen de la mujer cubana, como una ciudadana digna, plena y realmente libre; de un correcto enfoque de equidad implica que la mujer sea identificada como beneficiaria directa del crecimiento económico y de la distribución de los beneficios que produzca el desarrollo
BIBLIOGRAFÍA
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